El anhelo de libertad detrás de cada adicción
- Aleli Gutierrez
- 26 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Una mirada desde la Terapia Gestalt, el Humanismo y la filosofía budista
Hablar de adicción no es hablar únicamente de sustancias, conductas o dependencias visibles. Hablar de adicción es, en el fondo, hablar de un profundo anhelo de libertad. Libertad del dolor, de la angustia, del vacío, de la soledad o de una historia emocional que no ha podido ser integrada. Desde la Terapia Gestalt, el enfoque humanista y la filosofía budista, la adicción no se comprende como un fallo moral ni como una patología aislada, sino como un intento creativo —aunque disfuncional— del organismo por autorregularse.
La adicción como ajuste creativo
En Gestalt, entendemos al ser humano como un organismo en constante búsqueda de equilibrio. Cuando el entorno se percibe como amenazante o insuficiente para sostener una necesidad emocional profunda, el organismo desarrolla ajustes creativos para sobrevivir. La adicción surge así como una forma de contacto: una manera de calmar, anestesiar o modular estados internos que resultan abrumadores.
Lejos de ser un acto de debilidad, la adicción es una respuesta adaptativa que quedó fijada en el tiempo. En algún momento, esa sustancia o conducta ofreció alivio, presencia, regulación o sensación de control. El problema no es el intento de autorregulación, sino que este se vuelve rígido, repetitivo y cada vez más costoso para la persona.
Desde esta perspectiva, la pregunta terapéutica no es: “¿Por qué consumes?”, sino:
“¿Qué necesidad profunda intenta satisfacer esta conducta?”
El vacío existencial y la pérdida del sentido
El enfoque humanista, particularmente desde autores como Carl Rogers y Viktor Frankl, nos invita a mirar la adicción como una respuesta al vacío existencial. Cuando una persona pierde el contacto con su sentido de vida, con su autenticidad o con la experiencia de ser valiosa por quien es, surge una desconexión interna profunda.
La adicción promete, aunque sea de forma momentánea, aquello que falta:
Sensación de pertenencia
Alivio del sufrimiento
Placer y vitalidad
Silencio mental
Olvido del dolor
Sin embargo, esta promesa es efímera. Después del efecto, el vacío no solo regresa, sino que se profundiza, reforzando el ciclo de dependencia. El anhelo de libertad se convierte entonces en una trampa de repetición, donde la persona busca salir del dolor usando la misma estrategia que lo perpetúa.
El apego al alivio y el sufrimiento según el budismo
La filosofía budista ofrece una comprensión profundamente compasiva del fenómeno adictivo. Desde el budismo, el sufrimiento (dukkha) surge del apego: apego a sensaciones placenteras, a estados de conciencia alterados, a la ilusión de control o a la evitación del dolor.
La adicción puede entenderse como un apego intenso al alivio inmediato. No se busca tanto la sustancia o la conducta en sí, sino el estado que produce: calma, expansión, desconexión o éxtasis. El problema es que, al intentar aferrarnos a estos estados, generamos más sufrimiento, ya que todo es impermanente.
El budismo no condena este apego; lo comprende como parte de la condición humana. La invitación no es a luchar contra el deseo, sino a observarlo con conciencia, reconociendo que detrás del impulso hay una legítima búsqueda de bienestar y libertad.
Libertad no es ausencia de dolor, sino presencia consciente
Desde la integración Gestalt–humanista–budista, la libertad no se alcanza eliminando el malestar, sino aprendiendo a estar con la experiencia tal como es. La verdadera libertad surge cuando la persona puede:
Sentir sin anestesiarse
Reconocer sus emociones sin huir
Habitar su cuerpo con presencia
Elegir, en lugar de reaccionar automáticamente
La recuperación no consiste únicamente en dejar de consumir, sino en restaurar la capacidad de contacto, de autoapoyo y de regulación emocional consciente. Implica aprender nuevas formas de sostener el dolor, el vacío y la incertidumbre, sin recurrir a viejos ajustes que ya no sirven.
La terapia como espacio de reencuentro
El proceso terapéutico se convierte así en un espacio seguro donde la persona puede reencontrarse consigo misma, con su historia y con su capacidad innata de autorregulación. Desde una postura humanista y gestáltica, el terapeuta no impone cambios, sino que acompaña con presencia, aceptación y autenticidad, facilitando que el paciente descubra nuevas maneras de estar en el mundo.
Cuando la persona logra reconocer que su adicción fue, en realidad, una búsqueda desesperada de libertad, puede comenzar a honrar esa intención original y transformarla en elecciones más conscientes, compasivas y sostenibles.
Conclusión
Detrás de cada adicción hay un ser humano que quiso dejar de sufrir. Hay un cuerpo que buscó alivio, una mente que quiso descansar y un alma que anheló libertad. Comprender esto no justifica el daño, pero sí abre la puerta a la compasión, al cambio genuino y a una recuperación con sentido.
La libertad que se busca afuera, a través de sustancias o conductas, solo puede consolidarse cuando se cultiva adentro: en la conciencia, en la presencia y en la capacidad de estar plenamente vivos, incluso con el dolor.
Referencias
Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder.
Perls, F. S. (1976). Gestalt therapy verbatim. Bantam Books.
Perls, F. S., Hefferline, R., & Goodman, P. (1994). Terapia Gestalt: excitación y crecimiento de la personalidad humana. Cuatro Vientos.
Rogers, C. R. (1961). On becoming a person: A therapist’s view of psychotherapy. Houghton Mifflin.
Suzuki, S. (2011). Mente zen, mente de principiante. Gaia.
Thich Nhat Hanh. (1998). El corazón de las enseñanzas de Buda. Oniro.

Autora
Aleli Gutiérrez
Psicóloga clínica
Maestra en adicciones



































Comentarios